Por: Columba Arias Solís
25 años han transcurrido desde aquel 26 de abril de 1986 cuando en tierras ucranianas sucedió el accidente nuclear más grave de la historia: el desastre de Chernobyl ocurrido en la central Nuclear cuando los trabajadores desactivaron los sistemas de seguridad del reactor número 4, en un experimento para comprobar si el sistema de enfriamiento podía seguir funcionando únicamente con la energía generada por el propio reactor, es decir sin el suministro auxiliar de electricidad.
El estallamiento del cuarto reactor de la planta de energía nuclear produjo un inmenso incendio que alcanzó los mil metros de altura en el espacio de Ucrania así como la expulsión de toneladas de combustible radioactivo que afectaron un área de casi 5 millones de habitantes, contaminando el 23 por ciento de Bielorrusia, partes de Rusia y desde luego Ucrania, así como algunas regiones de Polonia, República Checa y Alemania.
Las brigadas de técnicos especializados se enfrentaron a una misión que parecía imposible y hasta suicida: sofocar los incendios y neutralizar el núcleo del reactor lanzando toneladas de químicos y arena desde los helicópteros. Varios de estos brigadistas murieron por sobreexposición. No contaban con los equipos de seguridad adecuados, ya que sus improvisados trajes forrados de plomo eran insuficientes para protegerlos de la radiación a la que se enfrentaban en sus recorridos al reactor para intentar apagarlo. Los sobrevivientes quedaron afectados de diversos padecimientos como daños cerebrales, cataratas, leucemia y enfermedades cardiovasculares.*
En los meses posteriores a la explosión, el gobierno de la antigua Unión Soviética reclutó a más de 600 mil jóvenes, soldados, mineros, bomberos y voluntarios en general, procedentes de muchos lugares de las antiguas repúblicas soviéticas, quienes trabajaron sin descanso día y noche en la construcción de una especie de sarcófago de concreto para sellar las fugas y reducir la contaminación alrededor del reactor.
A 25 años de la tragedia de Chernobyl, ésta cobra mayor presencia luego de la catástrofe de la central de Fukishima en Japón sucedida el pasado 11 de marzo, de la cual todavía no se conocen alcances y consecuencias, como no se conocen tampoco las cifras exactas de muertos y afectados por la explosión de Chernobyl. Se ha dicho que más de 500 mil personas recibieron dosis de radiación por los trabajos posteriores de descontaminación, sin embargo alrededor de 5 millones de personas vivieron en áreas contaminadas y más de 400 mil en áreas gravemente contaminadas.
Desde luego, hay grandes diferencias entre los desgraciados sucesos de Chernobyl y Fukishima, -además de la magnitud del primero- toda vez que como han coincidido diversos expertos en el tema, en el primer caso el accidente fue producto de errores humanos, de falta de previsión y de insuficiencia de medidas de seguridad, en tanto que la explosión de la central japonesa fue provocada por el sismo y el tsunami que azotaron aquel país, ya que los reactores nucleares fueron diseñados para resistir los sismos de 7.5 grados en la escala de Ritcher que suelen suceder en la zona, pero no para el terremoto que sacudió el país y que alcanzó una intensidad de 8.9 grados en la escala de Ritcher.
En Chernobyl el gobierno pretendió ocultar el accidente, y hasta tres días después dieron a conocer el suceso, pero además sin informar de la magnitud de la gravedad, con lo que se perdieron horas importantes para recibir ayuda internacional, en tanto que en Japón las autoridades informaron y declararon la alerta del riesgo por lo que pudieron recibir con prontitud asistencia internacional para controlar el problema.
Pero además, las medidas de seguridad en Fukishima difieren enormemente de las de Chernobyl, porque según los expertos, en la central de Fukishima los gruesos muros de contención de la planta protegen a los núcleos del reactor, lo que significa que aunque haya fusión del combustible nuclear, difícilmente se producirán nubes radioactivas hacia la atmósfera. En Chernóbyl simplemente no existió una estructura que pudiera contener la salida del combustible radioactivo.
Chernobyil queda como un recordatorio permanente sobre los riesgos en el uso de la energía nuclear, por ello al conmemorarse los 25 años de la tragedia, el presidente ruso ha anunciado que “Rusia presentará en la cumbre del G-8, iniciativas para fortalecer medidas de seguridad en las centrales nucleares”. El mandatario aseguró haber enviado a los dirigentes de los países más grandes, a sus amigos y socios de la Comunidad de Estados Independientes, y por supuesto a Ucrania, propuestas para el desarrollo de la seguridad nuclear en el mundo, que tienen como objetivo impedir en caso de accidentes, consecuencias catastróficas mundiales.
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