viernes, 4 de marzo de 2011

VIENTOS DE INSURRECCIÓN

Columba Arias Solís
Vientos de insurrección recorren el mundo árabe, haciendo tambalear algunos de los gobiernos de los países situados en el oriente medio y el norte de África, ante las protestas contra los líderes que convertidos en dictadores  se han eternizado por décadas, al frente de regímenes que ni siquiera permiten la participación democrática de los ciudadanos de sus países.
La revuelta  comenzó en Túnez con la inmolación del joven  Mohamed Buazizi profesionista que ante el grave desempleo en su país, optó por el comercio ambulante de frutas y verduras, y al que le fue quitada por la propia policía su fuente de trabajo, acción  que lo llevó a la desesperación prendiéndose fuego. La gravedad de las protestas haría caer la dictadura de Ben Alí en aquel país.
También se sublevaron miles de ciudadanos yemeníes, quienes desde el 27  de enero en las calles de Saná demandaron acabar con el régimen de Alí Saleh, protestando contra la carestía de los alimentos, la corrupción y el nepotismo, y desde entonces no han cejado en su movimiento pese a los ataques de la policía y la negativa  del presidente Alí Abdula, quien ha dicho que defenderá su régimen republicano hasta la última gota de sangre.
En Bahréin miles de ciudadanos han marchado reclamando la caída del régimen, porque los cambios realizados por el gobierno para serenar los ánimos, han sido insuficientes para la población. En Jordania partidos de oposición, sindicatos y sociedad civil en general han salido a las plazas de las principales ciudades como Ammán, Irbid, Zarqa, y Ajlun entre otras a demandar  al rey Abdalá la destitución del primer ministro Samir Rifai, así como la realización de reformas económicas y políticas.
En Marruecos, no obstante que parece ser el país de la región norteafricana menos afectado por la ola de protestas, sin embargo el gobierno ha tomado providencias como la subvención a los hidrocarburos y a los alimentos básicos.
Los  vientos de protesta de los países vecinos se trasladarían a Egipto, donde el 25 de enero dio inicio la revuelta contra Hosni Mubarak el gobernante que llevaba tres décadas en el poder, y miles de personas salieron a las calles de las principales ciudades egipcias para exigir la renuncia del gobierno. Luego de 18 días de manifestaciones, el 10 de febrero Mubarak entregó el poder a las fuerzas armadas, que por cierto permanecieron al margen y se abstuvieron de reprimir a los ciudadanos egipcios.
Al hacerse cargo provisionalmente del gobierno, el ejército aseguró a la población que garantizaría la organización de elecciones libres y transparentes según las enmiendas constitucionales decididas y lanzó la advertencia “contra todo ataque a la seguridad de la nación y de los ciudadanos.”
Pronto la rebeldía acampó en Libia, la república oficialmente llamada Gran Yamahiria Árabe Libia Popular y Socialista, el país más rico de África, con la mayor renta per cápita y el de más alto índice de desarrollo humano de aquella región, gracias a las grandes reservas petroleras, que han convertido al país en el tercer mayor  productor y líder de reservas en África.
No obstante el mejor nivel de vida, la población se ha rebelado contra el gobierno de Muamar Kadafi, quien como no existe la figura de presidente ni primer ministro, como líder de la Revolución preside la Secretaría Ejecutiva realizando las políticas de los Comités Populares, y quien durante décadas ha gobernado en forma autocrática con sus hijos y los más cercanos a su grupo, estableciendo su centro de poder en la capital Tripoli.
Después de 42 años en el poder, Kadaffi se aferra al mismo y en sus afanes por seguirlo detentando, no ha tenido el menor prurito para lanzar al ejército contra la población, empero muchos soldados se han negado a luchar contra los ciudadanos y en cambio se sumaron al movimiento de rebeldía contra Kadaffi, triunfando y estableciéndose en varias de las poblaciones más importantes de Libia.
Los rebeldes constituyeron un Consejo Nacional para gobernar las ciudades que han estado liberando del gobierno de Kadaffi. La zona más rica en petróleo se encuentra  en manos de la oposición, así como las ciudades  El Rhibat, Kabaw, Jado, Rogban y otras varias, donde las fuerzas de Kadaffi ya se fueron y quedó establecido el Consejo Nacional.
Los levantamientos y protestas en la mayoría de los países de aquella región, tienen un origen común: la pobreza, el desempleo masivo, la corrupción, el clientelismo y la desigualdad, porque aún en aquellas naciones como Egipto y Libia donde el nivel de vida de la población es mejor, la corrupción de la clase gobernante que ha llevado al enriquecimiento extremo de los líderes del gobierno y de sus familias, y el manejo autocrático de los asuntos del Estado, han sido el caldo de cultivo para los levantamientos populares.
 Los gobiernos de distintos países de Europa, así como el de Estados Unidos, han exhortado a Kadaffi a dimitir; la Unión Europea aprobó el embargo de armas y la congelación de los bienes de Kadaffi, pero el dictador se niega a reconocer que la población está harta de la dictadura. Los vientos de insurrección siguen recorriendo la geografía de aquella región norteafricana, mientras en este lado del mundo, no faltan quienes temen que puedan cruzar los océanos y agitar el entorno de alguno de nuestros países latinoamericanos.

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