viernes, 11 de febrero de 2011

¿CUÁLES CÓDIGOS DE ÉTICA?

Columba Arias Solís
Para recordarnos que las tentaciones autoritaristas no se han diluido en un sistema que se supone democrático, apenas en días pasados la periodista Carmen Aristegui fue despedida del programa de radio de la empresa MVS, según la parte patronal por transgredir el código de ética de esa empresa al divulgar información que se consideró un rumor. De acuerdo con el comunicado de la empresa “Aristegui dio por válida una presunción, transgrediendo nuestro código ético y al negarse a ofrecer como lo solicitó la empresa, una disculpa pública, decidimos dar por terminada nuestra relación contractual”.
El cese fulminante de la comunicadora de su noticiario radiofónico fue consecuencia del desaguisado protagonizado en la Cámara de Diputados por parte de algunos legisladores pertenecientes al Partido del Trabajo, quienes apenas iniciada la sesión desplegaron una manta en la que se aludía  al titular del Poder Ejecutivo y su presunta adicción. Esta acción escandalosa –fuera de lugar y condenable para muchos- fue cubierta por la periodista Aristegui en el programa radial y el motivo para que sus patrones radiofónicos decidieran retirarla de ese espacio noticioso.
El despido de Aristegui es una mala señal de regresión a los no tan viejos tiempos en los que la censura de los contenidos que resultaban incómodos para la clase política, era acordada por los voceros del gobernante y los dueños de medios quienes de buenas o de malas acataban la disposición de no tocar ni con el pétalo de un comentario adverso a los detentadores del poder.
La reacción de la empresa resulta desmesurada porque la nota que tanta molestia ha causado, no la generó la periodista sino los diputados que decidieron –ellos sí sin tomar parecer ni a sus correligionarios, ni a sus liderazgos- desplegar la manta que causaba la irritación, la molestia. Como les consta a quienes escucharon el noticiero, lo que Carmen Aristegui hizo fue referirse a la noticia y en relación con la misma preguntar si había o no problemas de alcoholismo que afectaran al presidente, y en ese contexto señalar que “debería realmente la propia presidencia de la República dar una respuesta clara, nítida, formal al respecto. Si es el caso, si efectivamente hay elementos firmes que hagan presumir, efectivamente un problema de alcoholismo de Felipe Calderón, tendrá que ser tratado con la seriedad del caso”.
No se encuentra en las palabras de la periodista nada de lo señalado por la empresa radiofónica como “transgresor de su código de ética”, puesto que nunca aquella aseveró que fueran verdades las frases alusivas al ejecutivo en la manta; parece ser que lo que habría causado tanta molestia, sería el exhorto de la comunicadora a que la propia presidencia respondiera a las alusiones.
A propósito de las referencias que la empresa radiodifusora señala como transgresiones a su código de ética, valdría la pena que la misma hiciera del conocimiento público ¿cuál código de ética es el que Aristegui violó con sus comentarios? Es decir ¿después de años en que los propios medios se han negado a establecer algunos parámetros de autorregulación en contenidos y conductas, por fin hay una empresa -MVS radio- que tomando al toro por los cuernos decidió  emitir sus propias normas de regulación de sus actuaciones?
¿Dónde están tales códigos de ética? porque de lo publicado por algunos periodistas en relación al tema, ha quedado en evidencia la existencia de dichos códigos, ya que al solicitárselos a la empresa, sus voceros les han dado largas para mostrárselos, y aunque ciertamente es una empresa privada y como tal –podrían argumentar sus directivos- no tiene como lo tendría una pública la obligación de entregarlo a quien lo solicite, empero también hay que recordarles que detentan una concesión otorgada por el estado y por lo mismo de carácter público, además de que sería una muestra de seriedad y congruencia, exponer a la luz pública esos importantísimos documentos cuya transgresión ha motivado tan pundonorosa reacción.
Si como los voceros presidenciales han señalado, no existió presión de la dependencia para el despido de Aristegui, igual de grave que si lo hubieran hecho, resulta entonces la autocensura impuesta por el concesionario radiofónico y un acto de autoritarismo no acorde con un sistema político democrático.
NO DRAMATIZAR LA DERROTA.
Después de los resultados de las elecciones en Baja California Sur, que fueron un auténtico descalabro para el PRD, todavía el dirigente nacional del partido del sol azteca tiene la frescura de señalarle a la militancia de ese instituto que no dramaticen la derrota, y refiriéndose a los cuestionamientos de sus propios correligionarios muy orondo señala que “todo mundo tiene derecho a decir lo que quiera, a veces hasta tonterías”. Es decir, para el líder chuchista las críticas por la estrepitosa derrota que envió al tercer lugar a su partido en un estado donde gobernaba y tenía mayoría en la cámara, son tonterías, boberías y no hay que dramatizarlas. Vaya, ¿tendrá la militancia perredista  que aplaudirlo entonces? La pírrica victoria de Guerrero ¿habrá que festejársela con pirotecnias?

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